Igualdad de género en los medios

La igualdad de género es importante para los medios.

De unos años a esta parte la sociedad da más importancia a la igualdad de género. Los medios de comunicación son agentes de socialización fundamentales en nuestros días y por ello deben tratar los contenidos informativos adecuadamente para no caer en la trampa de la discriminación. Sin embargo, el exceso de celo puede llevarnos a situaciones absurdas.
Los dos pilares básicos sobre los que descansa la igualdad de género en los medios de comunicación son la visibilidad de la mujer en las noticias y la corrección en el lenguaje. Muchos abogan por una mayor regulación legislativa que imponga una cuota de informaciones en las que aparezca la mujer y defina con precisión qué se entiende por lenguaje sexista.
A ver… ¿Nos hemos vuelto locos? Como mujer entiendo perfectamente que es injusto el hecho de que un hombre cobre más que yo por el mismo trabajo o que la figura femenina en los medios se asocie con tanta frecuencia a modelos y actrices que lucen con orgullo sus escotes de vértigo y sus operaciones de cirugía estética. Las mujeres reales no somos perfectas. Y punto.
No obstante, el hecho de que las mujeres no aparezcan en los medios de comunicación cuando se habla de política, por ejemplo, poco tiene que ver con la igualdad de género. En todo caso, ese tipo de discriminación nace en el seno de los partidos políticos y no tiene nada que ver con los periodistas.
En el plano internacional tenemos a Angela Merkel y a Cristina Fernández de Kirchner hasta en la sopa, por ejemplo. Y si nos quedamos dentro de nuestras fronteras están la Vicepresidenta del gobierno popular Soraya Sáenz de Santamaría o la Presidenta socialista de la Junta de Andalucía, Susana Díaz.
Que las mujeres no ocupen más puestos relevantes en la vida pública no es cosa de los medios. Obligar a los periodistas a cubrir un número de informaciones relacionadas con mujeres no sólo no ayuda a la igualdad de género sino que además empobrece terriblemente la libertad de expresión.
Además, personalmente creo que presuponer de ante mano que las noticias relacionadas con mujeres necesitan un enfoque distinto a las informaciones en las que aparecen los hombres es un tipo de discriminación encubierta. La cobertura que se le dé a las noticias y a los personajes públicos implicados en ellas debe establecerse en función del interés del hecho noticioso.
Por lo que se refiere a establecer los límites del lenguaje sexista el asunto es bastante espinoso. La Real Academia Española está obligada a consignar las palabras y expresiones que estén fuertemente arraigadas en nuestro idioma. De acuerdo, algunos de estos vocablos son terriblemente sexistas o racistas pero no podemos obviar el contexto social en el que vivimos.
Por otra parte, la implantación de ciertas medidas de igualdad de género en el uso del lenguaje oral y escrito resulta más que discutible. ¡Compañer@s, por favor! La última vez que miré la arroba no venía en el abecedario así que su utilización en la escritura supone una falta de ortografía como una catedral que sólo consigue embrutecer a las generaciones más jóvenes.
Y por supuesto, está el recurso de hablar de los/las ciudadanos/as y los/as trabajadores/as que quieren un mejor futuro para sus hijos/as. Evidentemente la frase anterior es sólo un ejemplo pero os animo a que intentéis leer un texto legal plagado de barritas para hacer notar la presencia de la mujer. Es broma, esa tortura china no se la deseo a nadie.
¿Qué quiero decir con todo esto? Pues que ya está bien de que la igualdad de género en los medios de comunicación y en los distintos ámbitos sociales sólo sirva para distraer a la gente de los problemas de fondo y para que algún político se saque una foto con fines electoralistas.
Las mujeres no somos ciudadanas de segunda y no necesitamos regalos de ningún gobierno u organismo para alcanzar nuestras metas. Nos sobra con nuestras capacidades, muchas gracias. Cuando esto se comprenda se acabarán los debates sobre la igualdad de género en los medios.