La tertulia.

La tertulia televisiva es muy popular.

La tertulia en los medios de comunicación se ha vuelto cada vez más apreciada por el público en los últimos años. La audiencia demanda este formato porque les acerca a la actualidad, ya sea política, deportiva o de otra índole, de una manera sencilla y clara. ¿Pero realmente la proliferación de los debates contribuye a que la ciudadanía esté mejor informada?
La tertulia entra claramente dentro de los géneros periodísticos de opinión. A algunos esta aclaración puede parecerles por completo innecesaria pero muchas veces las personas que intervienen en estos coloquios son presentados como auténticas autoridades por los medios y eso es peligroso porque a una eminencia no se le discute… ¿Verdad?
Pues resulta que la imagen del tertuliano infalible que intentan vendernos los medios de comunicación es totalmente falsa. Para descubrir el truco basta con saber con qué medios y grupos de comunicación está relacionado el colaborador en cuestión. Que el Grupo PRISA debe su lealtad al PSOE no es ningún secreto de Estado.
Si la audiencia es capaz de identificar correctamente el sesgo ideológico de los participantes de un debate televisivo o radiofónico el riesgo de ser traicioneramente manipulados es menor. Sin embargo, nadie está exento de la influencia de los mensajes mediáticos en la formación de sus valores y puntos de vista.
Por supuesto, los políticos también han metido la cabeza en la tertulia mediática despojando a los periodistas de su labor de análisis de los acontecimientos sociales. Si sólo se oyen las voces de los representantes de los diferentes partidos los medios pasan a ser simples altavoces del poder y el trabajo periodístico pierde su esencia.
Ya sé que ahora está muy de moda no sacar a la palestra temas que incomoden a los políticos en mitad de un debate pero es que para eso mismo estamos los periodistas. Si nos quitan eso más vale que busquemos otro trabajo. Para reproducir notas de prensa o grabar declaraciones en las que no se admiten preguntas ya no hacemos falta. La tecnología ha evolucionado mucho.
Además, hoy día la tertulia se ha depreciado notablemente. La discusión razonada ha dado paso a la polémica gratuita y la controversia. Esa situación es perdonable en los programas del corazón que no abordan asuntos de relevancia para el conjunto de la ciudadanía pero no puede consentirse en programas supuestamente más serios como por ejemplo Espejo Público.
Por otra parte, la tertulia se ha dividido en dos vertientes. En la primera de ellas se ha dado paso al espectáculo y las posiciones enfrentadas. O crees que Pedro Sánchez obró bien en la destitución de Tomás Gómez a causa de la investigación acerca del coste de las obras del tranvía de Parla o te parece que las medidas adoptadas son excesivas.
En el segundo tipo de tertulia pasa todo lo contrario. Políticos y periodistas se dedican a darse a razón unos a otros. Con suerte hay un miembro del grupo que no piensa como el resto para dar una pátina de veracidad a las afirmaciones de sus rivales pero las opiniones de esa persona serán ridiculizadas y rebatidas sin piedad.
A estas alturas sólo cabe hacerse una pregunta. ¿Es la tertulia mediática un género periodístico apropiado para que la audiencia se haga una idea de lo que pasa a su alrededor y de las repercusiones que tienen ciertas noticias en su vida diaria?
La respuesta a esta cuestión es muy personal. En mi opinión, la tertulia sí que sirve para analizar en profundidad los acontecimientos informativos pero los medios han de actuar de forma más responsable y no tomar por idiota a la audiencia. Quizá si los periodistas empezamos a abordar la información desde una perspectiva más crítica y plural nos sorprendamos de los resultados.