La opinión pública se compone de múltiples voces.

La opinión pública se compone de múltiples voces.

Hoy me he levantado con ganas de hablar sobre la influencia de los medios de comunicación en la formación de la opinión pública. O dicho de otro modo y con palabras menos grandilocuentes: ¿Condicionan los medios nuestros modos de pensar?
El otro día, haciendo un poco de zapping mañanero para ver algo en la tele mientras desayunaba, escuché un comentario en un debate que me hizo mucha gracia. Estaban hablando sobre las elecciones catalanas del 27-S.
Alguien apuntó que el actual auge del debate sobre la independencia de Cataluña se debe a que la Generalitat ha invertido una gran cantidad de dinero en anuncios y campañas sobre este asunto.
Inmediatamente, otro tertuliano replicó escandalizado que si los españoles éramos tan tontos como para que nos manipularan de una manera tan vil y descarada. Pues mira por dónde yo pienso que sí. Con ciertos matices, claro. ¡Y que nadie se ofenda porque yo también me incluyo en el saco!
A ver, para no llevar a ningún lector a confusión creo que es conveniente hacer un paréntesis en el artículo e introducir una pequeña definición de opinión pública. Este concepto puede traducirse como los diversos puntos de vista de la sociedad sobre un tema de interés.
Por supuesto, la opinión pública no es estática y puede cambiar con el paso del tiempo. Hace no tantos años, por ejemplo, habría sido inaceptable que una mujer se incorporase al mundo laboral y prefiriera triunfar en su carrera a tener hijos y fundar una familia.
Como todos sabemos, los medios de comunicación están muy presentes en nuestra vida diaria por lo que son instrumentos excelentes para sondear y orientar a la opinión pública. No quiero decir con esto que sea imposible tener ideas propias.
Pero el constante bombardeo informativo a base de comunicados de prensa, telediarios, Redes Sociales y artículos en páginas web hace que sea una quimera no dejarse influir hasta cierto punto por la opinión pública mayoritaria.
Teniendo en cuenta que el espacio y el tiempo del que disponen los medios para informar siempre son limitados no es de extrañar que pongan el énfasis en unas noticias y desechen otras. Y esta es precisamente la causa de su gran peso en la formación de la opinión pública.
Al final, todos acabamos centrando nuestra atención en unos pocos temas de actualidad y absorbemos en mayor o menor medida los puntos de vista que nos trasladan los medios. Vale, es cierto que cualquier persona tiende a prestar más atención y a otorgar mayor credibilidad a aquellas ideas que le son afines pero aun así nadie es inmune a los Mass Media.
Aunque parezca mentira, una cosa son las ideas individuales de cada uno y otra muy distinta la opinión pública que al final sale a la luz. En los debates sociales las posturas tienden a polarizarse en bandos muy definidos mientras que la gente de la calle muestra una actitud más abierta y diversa ante los detalles y pequeños matices de opinión.
En suma, la formación de la opinión pública no es algo racional. No es que los españoles seamos tontos pero en cierto sentido es inevitable dejarse arrastrar por la corriente del pensamiento dominante que trasladan los medios.
Sé que es duro de aceptar pero el libre acceso a la información no es garantía de una opinión pública libre y plural. Al final, las voces y problemas sociales que no aparecen en los medios no existen y nuestras grandes preocupaciones diarias se deciden cada mañana en las reuniones de redacción.