Cuando un crimen o un acto de violencia sensible aparecen en los medios de comunicación la maquinaria del juicio paralelo se pone en marcha casi de inmediato. El caso de Petra Laszlo, la periodista cuyas imágenes agrediendo a unos refugiados que huían de las autoridades en la frontera de Hungría han conmocionado a muchos, puede convertirse en el último ejemplo de esta práctica que ha saltado a la palestra.

Un juicio paralelo es un estigma social.

Un juicio paralelo es un estigma social.

Todo el mundo puede acceder sin problemas a Youtube y ver el vídeo en el que la reportera se enzarza con unos refugiados hasta el punto de hacer caer a un hombre que corría llevando a su hijo en brazos, por ejemplo. Lo que estoy cuestionando aquí no es si la periodista dio o no dio patadas a unos inmigrantes. Los que tenemos ojos en la cara podemos ver lo que sucedió basándonos en el vídeo.
Por supuesto, este tipo de actuaciones son deleznables independientemente de que las lleve a cabo un profesional de la información o cualquier otra persona. Sin embargo, echando un vistazo a las noticias que salían acerca de este suceso el martes por la tarde, no pude evitar preguntarme dónde estaban la imparcialidad y la objetividad de la que tanto hablamos los periodistas.
Creo que el problema es que Petra Laszlo es una compañera, una de los nuestros, una periodista. Por eso, los informadores se han volcado en la tarea de difundir a los cuatro vientos las imágenes de la supuesta agresión a la vez que claman al cielo horrorizados: ¡Esa mujer no representa al periodismo! El juicio paralelo había comenzado.
Siento decir que existen periodistas que no hacen bien su trabajo y que no son buenas personas. No hay que escandalizarse, eso pasa en todas las profesiones. No es que esté disculpando a Laszlo ni mucho menos pero creo que se le está crucificando públicamente dada la cobertura que están recibiendo los hechos en los que se ha visto involucrada.
El juicio paralelo se ha dejado sentir desde el instante en el que en las cafeterías se habla con aspavientos de la vinculación del medio en el que trabajaba Laszlo al partido ultraderechista Jobbik y se sonríe ante la posibilidad de que la reportera sea condenada a cinco años de prisión.
En mi opinión, un juicio paralelo es un fraude. No son los medios ni la opinión pública los que deben decidir si alguien es culpable o inocente y cuál debe ser su condena. Para eso están los jueces y los tribunales.
Es cierto que en este caso concreto las evidencias de la culpabilidad de Laszlo no parecen dar lugar a muchas dudas sobre lo sucedido. No obstante, el mayor peligro de un juicio paralelo en los medios de comunicación es el estigma social que acarrea al margen de la resolución judicial.
De momento, la periodista húngara ha perdido su empleo así que ya ha comenzado a sentir las consecuencias de sus actos. Sin embargo, según yo lo veo, no es nada profesional que periodistas y medios se apresuren a publicar artículos como churros exigiendo una respuesta rápida y rigurosa por parte de las autoridades. Los informadores han de acercarse a la realidad del modo más imparcial posible y no actuar como si fueran juez y verdugo.